Las organizaciones rara vez tienen escasez de planes.
Tienen planes estratégicos. Presupuestos. Indicadores. Proyectos. Reuniones. Presentaciones. Y, aun así, meses después aparecen las mismas preguntas: ¿Por qué esto todavía no ha ocurrido? ¿Quién tenía esto? ¿En qué quedó aquel proyecto?
El problema no siempre está en la estrategia. Muchas veces está en todo lo que ocurre después de diseñarla.
La ejecución también es un problema de liderazgo
Una estrategia solamente comienza a producir valor cuando alguien hace algo diferente como consecuencia de ella. Por eso ejecutar requiere mucho más que definir objetivos. Requiere prioridades, decisiones, responsables, seguimiento y conversaciones. Y ahí el liderazgo se vuelve determinante.
Estas son siete señales que suelo observar cuando existe una brecha de ejecución.
1. Todo es prioridad. Cuando una organización tiene quince prioridades simultáneas, probablemente no tiene ninguna. Priorizar significa decidir qué merece atención y también qué no la merece ahora. Sin esa decisión, los equipos terminan reaccionando a lo urgente mientras lo importante espera.
2. Hay responsables colectivos. El proyecto pertenece a Operaciones. A Comercial. A Recursos Humanos. A todos. Y cuando algo pertenece a todos sin un responsable claramente identificable, puede terminar perteneciendo a nadie. La colaboración puede ser colectiva. La responsabilidad necesita nombre.
3. Las reuniones terminan sin compromisos concretos. Se conversa muchísimo. Se analiza. Se aportan ideas. Y nadie sale pudiendo responder: ¿quién hará qué y para cuándo? Una buena reunión debería producir decisiones y próximos pasos, no solamente conversaciones.
4. Los líderes rescatan constantemente. Cuando un compromiso no se cumple, alguien superior interviene y resuelve. El resultado inmediato puede salvar el día. El efecto acumulado puede destruir accountability. Si alguien sabe que eventualmente otra persona asumirá la responsabilidad, aprende que incumplir tiene pocas consecuencias.
5. Los problemas escalan demasiado tarde. La ejecución no significa que todo saldrá según el plan. Significa también desarrollar la capacidad de identificar desviaciones temprano, pedir ayuda y corregir. Ocultar un problema hasta que sea imposible ignorarlo convierte pequeñas desviaciones en grandes crisis.
6. Se mide actividad en lugar de avance. Número de reuniones. Cantidad de llamadas. Horas trabajadas. Tareas realizadas. Todo eso puede ser útil. Y la pregunta importante sigue siendo: ¿estamos más cerca del resultado? Actividad y progreso no son sinónimos.
7. El seguimiento depende de la memoria del líder. Si los compromisos solamente avanzan cuando el jefe pregunta por ellos, no existe realmente un sistema de ejecución. Existe una persona persiguiendo pendientes. La ejecución madura cuando el seguimiento forma parte de la manera de trabajar y no de la capacidad de una persona para recordar.
Estrategia sin comportamiento es intención
Podemos diseñar una estrategia extraordinaria. Y finalmente será ejecutada —o no— a través de cientos de pequeños comportamientos:
- priorizar
- decidir
- cumplir
- escalar
- dar seguimiento
- corregir
- conversar
Por eso muchas brechas de ejecución terminan siendo también brechas de liderazgo y comportamiento.
Antes de rediseñar nuevamente la estrategia, vale la pena preguntar: ¿tenemos un problema con el plan... o con nuestra capacidad para convertirlo en acción? La respuesta puede cambiar completamente dónde ponemos nuestra energía.
¿Cuál de estas siete señales está costándole más resultados hoy a tu organización?
Transformo el liderazgo para transformar organizaciones.
Michelle Campillo
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